Esta mañana me he levantado escuchando un zumbido en mi casa, no le he dado tanta importancia porque casi siempre esta ahí. He salido a la calle, y en el metro el mismo zumbido, de hecho hasta en el bar donde desayuno estaba, y de repente, desaparece, justamente en el mismo instante en el que se va la luz.

Y como si todos en el bar nos hubiéramos puesto de acuerdo…silencio.

Lo asombroso de todo es ver cuando pasa esto que la gente busca la continuidad de ese zumbido, y automáticamente mira hacia ella, preguntándole entre pensamientos, ¿cómo puedes hacernos esto? ¿cómo puede faltarnos la televisión?

Las voces que hablando antes eran gritos ahora son apenas murmullos, incluso las caras cambian y esos dos profesores que trabajan en el colegio de enfrente que mientras desayunan siempre comentan lo que van dando en las noticias, se quedan callados, como dos desconocidos. Uno de ellos automáticamente busca algo que les salve de ese incómodo momento y oh! qué mejor que mandar un mensaje a…mmmm… ya se le ocurrirá.

No puedo explicar con palabras la sensación que tuve al darme cuenta de que los que estaban en el bar en ese momento se comunicaban de otra manera, más humana, menos agresiva y pausada. Se miraban a los ojos sin distracciones, ya que solo eran ellos dos en ese momento, no tenían que preocuparse de que imágenes morbosas de violencia, paisajes impresionantes, o incluso Bill Gates con sus discursos de marketing, robaran la atención de su interlocutor.

Es cuando el otro profesor se levanta en busca de su salvación personal, el periódico, que como arte de magia la luz vuelve, y con ella, el ruido de la cafetera, de la maquina de dardos y de las neveras, a lo que la gente, que en su mayoría ya se conocen…. aplaude, aplaude y vitorea porque ha vuelto. Porque otra vez esta con nosotros ese zumbido que aunque estemos esperando el metro nos da las noticias, nos vende cosas, nos dice lo guapos o poderosos que podríamos ser y lo que necesitamos para ello. Nos individualiza y evade de nuestra vida, que buena o mala se acaba por segundos que son irrepetibles, esos segundos que utilizamos para sentarnos a ver reality shows o prensa rosa, y hacer que seamos menos conscientes de donde estamos, de como vivimos y de lo que nos espera. Somos, al fin y al cabo dependientes de la televisión…

Autor: Wero | Fotografia: Aaron Escobar